Mi joven deportista
by alex on jun.01, 2010, under Deportes
Papa, quiero jugar en un equipo de fútbol.
Esta frase es, seguramente, pronunciada por multitud de niños todos los días. Por desgracia estamos muy influenciados por la televisión y nuestras frustraciones. En muchos casos los padres queremos que nuestro hijo sea una estrella cueste lo que cueste.
Por eso cuando mi hijo afirmó con tal rotundidad que quería jugar al fútbol, no pensé en llevarle a un gran equipo para que le hicieran las pruebas, o en pagar a una escuela de fútbol para que perteneciera a un filial con aires de grandeza.
Quería para él un equipo de barrio, un sitio donde no hubiera ningún tipo de presión, donde pudiera hacer amigos y disfrutar del deporte sin la tensión de competir a muerte. Solo diversión, solo el balón y los compañeros.
Uno de mis primeros recuerdos me llevan a un campo de arena, a ver a mi padre vestido de futbolista, corriendo hacia el balón y llevándoselo con la potencia y la seguridad con la que él jugaba al fútbol. Yo debía de ser muy pequeño porque no recuerdo nada más. Con los años supe que había sido un grandísimo futbolista, incluso salió un reportaje suyo en el Marca, mucho antes de nacer yo. Así que el listón estaba muy alto.
Aunque el nunca dijo nada, yo tenía claro que quería ser igual o mejor, y esa determinación me llevó a tomarme cada entrenamiento como si fuera el último. De todo aquello saqué una buena forma física y la constancia que a día de hoy utilizo en todo lo que hago. Sin embargo siempre pensé que el fútbol es de los listos y trabajé en otras facetas del juego que son igual de importantes o más. Con cada nueva temporada mejoré la técnica, la colocación, la visión de juego, y aunque nunca seré tan bueno como el abuelo, adquirí buenos hábitos que me han servido para ser titular en todos los equipos en los que he estado y para poder enseñar a los chavales todo aquello que he aprendido durante los años.
¿Porque explico todo esto?, pues porque al igual que en la vida cotidiana, el deporte es una fase de aprendizaje. Un estimulo estrapolable a todos los ámbitos de tu vida cotidiana. Si eres constante en el deporte lo seras en todo lo demás, si tienes buena capacidad de sacrificio en tu esfuerzo también la tendrás en los momentos complicados. Si te repones de una lesión valoraras más lo que has obtenido, aprenderás a ganar, y aprenderás a perder.
Tal vez mi ventaja es que no soy un forofo al uso. No soy carne de estadio, ni un hincha cerrado de mente. Soy partidario de practicar todo tipo de deportes y, por supuesto, siempre he respetado a todos aquellos que no sienten la misma pasión.
En cualquier caso cuando era jovencito los momentos más emocionantes están directamente ligados a todos los torneos y ligas que he conseguido junto con al resto de mis compañeros. A las horas de diversión, las risas en los vestuarios, las cañitas de después, las cenas, las celebraciones. Y tal vez mi momento preferido fue la última celebración de liga en la que mi hijo pudo ver y participar en como saltábamos y cantábamos después de haber ganado el último partido.
Competir de forma sana es una manera de centrarte en un reto, de olvidar tensiones, rechazar malos hábitos, pero sobre todo te enseña a saber perder, que es algo a lo que tenemos que acostumbrarnos en algunas fases de nuestra vida. También es cierto que, como dice la canción, la sinceridad es enemiga del ganador, y por lo tanto un buen entrenador también enseña a sus pupilos a ganar con honestidad y respeto.
Todos estos valores, todas estas ideas tan abstractas y en ocasiones olvidadas, son aquellas con las que un joven deportista debe crecer.
Por eso cuando veo a mi chaval de reojo, jugando en el entrenamiento, mientras se ríe, se enfada, se levanta y, en definitiva, se divierte, me vienen a la cabeza aquellos años en los que mi padre me entrenaba.
Estaba claro que el circulo se cerraría y que aunque sólo era un joven deportista, el fútbol nos estaba dando mucho más de lo que nos podíamos imaginar. Que de esta forma mi padre disfrutó de mi y de su deporte favorito, que a día de hoy soy yo el que entreno y que tengo la suerte de ver en los chavales aquella mirada de ilusión que también teníamos nosotros al estar delante un balón.
El próximo año, seguiré jugando y entrenando, y viendo a mi hijo divertirse. Entre todos intentaremos que los chicos que vienen a nuestros campos no aprendan solo a jugar al fútbol, si no que se lleven a casa todo aquello que de forma natural les aportará la cercanía de otros niños y adultos cuyo único interés es el de pasar una hora intensa y diferente cada día.
Mi joven deportista está creciendo sano y fuerte y tengo el privilegio de estar a su lado mientras eso ocurre.
Viva el deporte y viva el fútbol.
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junio 7th, 2010 on 8:27
Me alegro de leer todo esto que pones. Es gratificante ver que queda gente que disfruta del fútbol como deporte. Y suerte a tu chaval, que aunque no sea una estrella en Maracaná, seguro que ya lo es para su padre.
junio 7th, 2010 on 13:36
Gracias tío, siempre me anima saber que alguien me va leyendo, aunque a veces escriba cosas tan, como decirlo, ñoñas.
junio 8th, 2010 on 8:49
Bueno…bueno…
Lo primero enhorabuena por el post…muy emotivo (quizá hasta ñoño, pero muy profundo)
Me encanta leerte y más cuando lo haces de Alejandro Jr, Jandrín para los amigos. Me alegro de volver a compartir risas, victorias, regates, pases, en definitiva DEPORTE contigo dentro de un campo de fútbol.
Por cierto avisame para la temporada que viene que no me quiero perder al nuevo “PEP” entrenando a su hijo.